¿Por qué está de moda odiar a los padres? El movimiento silencioso que está destruyendo a las familias

Un fenómeno inesperado está naciendo dentro de los hogares

Lo que antes era una discusión ocasional entre padres e hijos, hoy se ha transformado en rupturas definitivas , bloqueos emocionales y confrontaciones irreversibles. Cada vez más jóvenes, influenciados por discursos que se viralizan en redes sociales, están optando por alejarse completamente de sus padres… incluso cuando no existen abusos graves ni motivos reales de peligro.

En plataformas como TikTok, Instagram y YouTube, proliferan testimonios, cápsulas terapéuticas y mensajes que invitan a cortar vínculos “por salud mental”, sin aclarar que sanar no es destruir y que la distancia no siempre es sinónimo de evolución.

Lo que sorprende a los especialistas es la velocidad en la que esta narrativa se ha normalizado.

La escena se repite en miles de familias.

Una madre que escucha la puerta cerrarse sin saber si su hijo volverá.
Un padre que recibe un mensaje de cuatro párrafos enumerando cada error cometido en los últimos veinte años.
Un abuelo bloqueó el teléfono de su nieto porque “ya no es sano ver a la familia”.

No son casos aislados.
Son síntomas de un fenómeno que crece silenciosamente dentro de los hogares.

Una terapeuta familiar de Dallas, consultada para este reportaje, lo explica así:

«Estamos viendo hijos que llegan a terapia convencidos de que sus padres son la causa absoluta de su infelicidad, sin haber intentado un diálogo real. El problema no es la necesidad de sanar… es la facilidad con la que hoy se cancela a la familia.»

El nuevo lenguaje del resentimiento

Frases como:

“Mi paz es primero, aunque implique cortar relación”.

“Si mis padres no fueron perfectos, no les debo nada”.

“Ellos me traumatizaron, por eso soy así.”

se han convertido en mantras modernos y altamente compartidos.

Esta narrativa ha generado un antagonista claro y conveniente:
los padres , vistos como figuras que fallaron, lastimaron o limitaron, sin reconocer que la mayoría actuó con las herramientas que tenía en ese momento.

Para muchos jóvenes, la historia está incompleta:
solo escuchando un lado: el suyo.

Expertos advierten: se está confundiendo sanar con culpar

Sociólogos, psicólogos y terapeutas coinciden en que esta tendencia nace de una combinación peligrosa: Consumo masivo de terapia superficial en redes sociales.

Influencers que simplifican temas profundos para volverse virales.

Una cultura que premia la victimización.

Una generación que teme enfrentar conversaciones difíciles.

Modelos “espirituales” sin bases reales que fomentan la desconexión.

La psicóloga latinoamericana Andrea Contreras lo resume con contundencia:

«Muchos jóvenes creen que sanar es cortar. Creen que poner límites es desaparecer. Y creen que perdonar a sus padres te hace débil. Esta mentalidad está destruyendo relaciones que sí pueden reconstruirse».

El costo emocional (y espiritual) de cancelar a los padres

Alejarse de una figura paterna o materna no es un acto aislado. Tiene consecuencias profundas en:

  1. La identidad personal: El vínculo con los padres es el primer espejo emocional. Romperlo sin bases sólidas afecta la forma en la que un adulto se ve a sí mismo.
  2. La capacidad de crear vínculos sanos: Quien aprende a cancelar con rapidez, repite la conducta con parejas, amigos e incluso sus propios hijos.
  3. La energía del chakra raíz: Desde la mirada espiritual, el rechazo hacia los padres genera desarraigo, inseguridad e inestabilidad emocional.
  4. La salud mental a largo plazo: El alivio inicial por el distanciamiento puede transformarse en culpa silenciosa que resurge años después.

¿Qué está fallando realmente?

No es la conversación sobre traumas.
No es la necesidad de sanar.
No es la idea de poner límites.

Todo eso es válido.

Lo que está fallando es la falta de matices .

Hoy cualquier error se considera traumatizante.
Cualquier desacuerdo es señal de abuso.
Cualquier distancia emocional es interpretada como daño irreparable.

Mientras tanto, los padres —muchos ya adultos mayores— viven un duelo silencioso:
no saben cómo acercarse, cómo defenderse o cómo reparar algo que fue roto sin oportunidad de diálogo.

Un fenómeno que apenas comienza.

Los especialistas advierten que, si esta tendencia continúa, veremos: aumento de familias fracturadas, más jóvenes emocionalmente inestables, mayor dificultad para formar parejas duraderas, un incremento de adultos que repetirán el rechazo con sus propios hijos, y una sociedad desconectada de su sentido más básico de pertenencia.

?Por que cuando un hijo aprende a “liberarse” cortando el origen… también aprende a vivir desconectado del presente?

La pregunta que queda en el aire. Entre videos virales que celebran la ruptura y discursos que promueven el “cero contacto” como solución universal, una pregunta esencial permanece:

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